30/01/09
Febrero 2009
29/01/09
Veto, glaciares y negociaciones incompatibles
28/01/09
Secuestro raro
27/01/09
Volvemos en marzo
26/01/09
Crucerazo

25/01/09
El olor del secuestro
Las pistas sobre los secuestrados apuntan a la Bonaerense, aunque no es la única que tienen los investigadores. Una vez que la víctima está sana y salva, allí comienza la investigación más profunda. Es que ya no pesa sobre los que tiene que descubrir a los secuestradores, el hecho de saber si el secuestrado está con vida o no.
22/01/09
Ex jugador en problemas
20/01/09
Berensztein a préstamo en La Nación
Sergio Berensztein es titular indiscutido en Política y Pelotas. Pero a veces lo cedemos a préstamo. Hoy, por ejemplo, publicó tanto en La Nación (papel) como en La Nación (on line) acerca de la asunción de Barack Obama. Berensztein, además de ser politólogo, director de la consultora Poliarquia e hincha de River, vivió y estudió en EEUU donde, por ejemplo, se hizo fanático de Michael Jordan, quien, como él, estudio en la Universidad de Carolina del Norte. Acá van las dos notas.
El primer presidente global
Una nueva esperanza recorre el mundo. Cuando Barack Obama sea finalmente ungido hoy como el presidente número 44 de los Estados Unidos de América, comenzará a escribirse uno de los capítulos más esperados de la historia de la democracia, los derechos humanos, la igualdad de oportunidades y la meritocracia.
En efecto, este líder carismático y con una notable capacidad de comunicación es expresión de aspectos esenciales del progreso alcanzado por la civilización occidental.
A pesar de la angustia por la crisis económica, de la enorme complejidad de la agenda diplomática y militar, de que la reputación y el prestigio de su país han sufrido tanto o más que con la guerra de Vietnam, Barack Obama comienza su gestión con un amplio margen de acción y con un nivel de apoyo doméstico e internacional sin precedente.
Paradojas del destino: tenemos, finalmente, al primer presidente global, precisamente cuando la globalización luce muy resquebrajada como resultado del colapso del sistema financiero y de la ausencia de organizaciones internacionales que permitan coordinar soluciones efectivas a los problemas del planeta.
Obama ya había sido un precandidato global: nunca una elección interna de un partido había despertado tanta curiosidad fuera de los Estados Unidos. Fue también un candidato global: la campaña presidencial fue seguida con notable interés desde todos los rincones de la tierra.
Ahora será un presidente global, con una visibilidad, capacidad de influencia y grado de exposición muy superiores a los de sus antecesores.
Habrá que seguir bien de cerca sus acciones y sus palabras, sobre todo durante los primeros cien días de gobierno.
Luego de una transición ejemplar (tal vez, el principal legado de George W. Bush sea su absoluta cooperación con el equipo entrante), Barack Obama desplegará su estrategia inicial y estarán allí contenidos los núcleos centrales de su administración.
La lógica indica que se tratará de una agenda sesgada hacia los problemas internos de los Estados Unidos, sobre todo en materia económica.
El mundo espera y necesita que desde el primer día desempeñe su liderazgo a escala planetaria. No son objetivos totalmente contradictorios: sacar de la recesión al principal motor del crecimiento mundial implicaría una contribución muy significativa. Pero hace falta mucho más. Y lograr un balance entre ambos planos no será en absoluto sencillo.
Todo es posible, dijo Obama, cuando reconoció su triunfo en la noche del 4 de noviembre pasado. Ojalá tenga razón.
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Barack Obama: entre el cambio y la continuidad, una agenda de gobierno cargada de problemas
El liderazgo de Barack Obama ha despertado una notable expectativa positiva en el mundo entero, casi sin antecedentes. En algún sentido, cuando Nelson Mandela o Vavlac Havel llegaron al poder hubo también un generalizado sentimiento de apoyo y simpatía. Pero los Estados Unidos son y seguirán siendo por mucho tiempo la potencia más importante y esto le otorga a su presidente una capacidad de influencia y una visibilidad incomparable con la de cualquier otra autoridad política electa por el voto popular.
Curiosamente, Obama logró semejante niveles de apoyo interno y externo a pesar de (o tal vez gracias a) no tener mucha experiencia política: llegó a la presidencia sin siquiera haber cumplido su primer mandato como senador por el Estado de Illinois. Su mensaje optimista y esperanzador a favor del cambio seguramente no fue elaborado a partir de su experiencia concreta: la dinámica y la cultura política de ese Estado no se caracterizan precisamente por la calidad de las instituciones ni por la transparencia en el manejo de la cosa pública. Illinois está hace muchas décadas controlado por los sectores más tradicionales del Partido Demócrata, caracterizado por sus prácticas clientelares y manejos discrecionales de la cosa pública. De hecho, el actual gobernador enfrentará en breve un juicio político, acusado de haber intentado negociar al mejor postor el sillón de senador dejado vacante por el electo presidente.
Si bien su inexperiencia no constituyó un tema crítico en la campaña, el principal criterio utilizado para la selección de su equipo de colaboradores fue justamente el contar con un conocimiento amplio del complejo entorno político que caracteriza a la ciudad de Washington, en particular en cuanto al funcionamiento del Congreso. De este modo, una mayoría de los asesores y secretarios de Estado designados han sido diputados o senadores: conocen de memoria los pasillos del poder y los mecanismos fundamentales para alcanzar los consensos básicos que le permitan al presidente avanzar en su agenda.
Es que Obama pretende evitar los duros traspiés sufridos por los dos anteriores presidentes demócratas, Jimmy Carter y Bill Clinton. Ambos tuvieron enormes dificultades en su relación con el poder legislativo, en particular en los primeros años de sus respectivos mandatos. Esos problemas no se limitaron a la relación con la oposición republicana; al contrario, los propios demócratas plantearon obstáculos a menudo inquebrantables.
En efecto, Carter se veía a sí mismo también como un agente de cambio, pero concebía al Congreso como un espacio controlado por los grupos de interés, los intereses sectoriales y los factores de poder defensores del statu quo. Llegó a Washington desde el sureño Estado de Georgia, acompañado por un grupo de colaboradores muy leales y estrecho que intentó aislar al presidente de las presiones e influencias del establishment local, del que desconfiaban profundamente. Estos problemas de coordinación entre los poderes ejecutivo y legislativo y al interior del Partido Demócrata resultaron costosísimos, creando la imagen de un presidente débil e incapaz de avanzar en su agenda de gobierno. Vale la pena recordar que Carter no sólo fracasó en ser reelecto, sino que a su gestión siguieron 12 años de predominio republicano (las dos presidencias de Ronald Reagan y la de George Bush padre).
Bill Clinton fue mucho más exitoso y popular, pero también tuvo un comienzo bastante accidentado. Había llegado al poder con un caudal de votos relativamente bajo, pues en la elección de 1992 también compitió el empresario texano Ross Perot como candidato independiente, restándole votos tanto a Clinton como sobre todo a Bush (algunos analistas consideran que sus chances de retener la presidencia hubieran sido mucho más altas si sólo hubieran competido él y Clinton). Muchos miembros del Congreso con larga trayectoria política y fuerte peso electoral, incluidos muchos demócratas, veían a este político de Arkansas con cierta desconfianza y no demostraron mucha voluntad de cooperación. Su gabinete estaba integrado predominantemente por gente joven y sin demasiada experiencia, y sus planes iniciales incluyeron una polémica reforma del sistema de salud, que puso en manos de su esposa Hillary (que no desempeñaba un cargo formal). A pesar de que la economía se recuperó rápidamente de la recesión (fue en su primer campaña presidencial cuando Clinton acuño la famosa frase: "Es la economía, estúpido"), los demócratas sufrieron una durísima derrota en la elección de mitad de mandato. Esto limitó los márgenes de acción de la administración Clinton, tanto en política doméstica como internacional. Tal es así que el Congreso rechazó el paquete de ayuda que Robert Rubin y Larry Summers habían diseñado para rescatar a México de su crisis a comienzos de 1995, forzando a que Clinton dictara una orden ejecutiva (una especie de decreto de necesidad y urgencia) para utilizar recursos derivados de un fondo de pensión de los empleados del gobierno federal.
Habiendo tomado estos antecedentes en consideración, Barack Obama prefirió hacer una síntesis entre el cambio que él mismo simboliza y la continuidad que expresa el gabinete que ha designado, que incluye al mismo jefe del Pentágono de los últimos años, Robert Gates.
Este delicado equilibrio será puesto a una durísima prueba desde el primer día: Estados Unidos enfrenta la peor crisis económica en siete décadas, tendrá alarmantes consecuencias sociales y demandará un contundente esfuerzo público y privado para superar semejante coyuntura. Para peor, existen múltiples desafíos en materia de seguridad: a los conflictos en Irak y Afganistán, se la suman el reciente episodio en Gaza, donde indirectamente están involucrados Irán (que continúa con su programa nuclear) y Siria. Más aún, las tensiones entre Corea del Norte y del Sur se han agravado, mientras todavía no cesa la preocupación por el conflicto entre India-Pakistán.
Los esfuerzos diplomáticos no podrán ignorar las potenciales zozobras que puede generar Rusia, aunque parece haberse normalizado el suministro de gas a Europa. Sin embargo, al reciente conflicto en Georgia se le suma el asesinato de Stanislav Markelov, un abogado y militante por los derechos humanos que defendía a la familia de una joven chechena asesinada en el año 2000. Rusia tampoco ha sido neutral en el conflicto de Medio Oriente y ha vigorizado su presencia en América Latina, sobre todo en apoyo de los regimenes de Venezuela y Cuba.
Tampoco estará la administración Obama en condiciones de desatender los principales conflictos que existen en Africa, particularmente en el Congo, Sudán, Etiopía, Somalía e incluso Nigeria.
En suma, Barack Obama deberá manejar con maestría y sutileza las ilusiones que ha despertado dentro y fuera de los Estados Unidos: enfrenta una agenda doméstica e internacional sumamente compleja. Si como presidente en ejercicio resulta ser la mitad de lo bueno que fue como candidato y como "presidente electo", tendrá muchas chances de reconstruir el prestigio y la autoridad moral de su país.
17/01/09
Boluda presidente
El Real Madrid está pasando por una crisis institucional gravísima. En la última asamblea de socios, hicieron participar de prepo a algunos truchos para asegurarse el control de la situación. Alguien se avivó y Ramón Calderón, el presidente, se vio obligado a renunciar. Como consecuencia de ello, asumirá el vicepresidente, Don Vicente Boluda.
No faltarán los chistosos de siempre que harán los típicos juegos de palabras. Por ejemplo, propondrán que haya coordinación entre género y número: Boludo presidente o Boluda presidenta. La oposición gritará: ¡basta de presidentes Boludos!
Otros sugerirán fortalecer la imagen institucional del club con carteles que digan Gestión Boluda o Presidencia Boluda.
Está claro que la opción es olvidar el apellido de este buen hombre y usar el nombre de pila (esto funcionó bastante bien en la política argentina): Vicente Presidente. Medio cacofónico, pero suena mejor. Se siente, se siente...
Más aún, pueden hacer campaña con un slogan copado que diga más o menos así "Vicente, Gago y tu".
Pero claro, primero Calderón, después Vicente ... Y el Real muere en el estadio del Aleti, que precisamente se llama Vicente Calderón.
Conclusión: mejor llamen a elecciones cuanto antes y que se presenten Valdano, don Alfredo Di Stefano y el Cabezón Ruggeri. De paso le solucionamos los problemas al Diego, Don Julio y Savino. Acaso el merengue no es un invento argentino?
Politólogo, hincha de River y del Aleti.
15/01/09
TGN en la Justicia
14/01/09
Ex jueza a juicio
12/01/09
En "defensa" de Abreu
Estuvo en tantos equipos durante su larga carrera profesional que lo último que puede generar la huida de Sebastián Abreu es sorpresa (antes de cualquier partido, el Loco tiene que repasar la lista de los equipos en los que jugó, así en caso de hacer un gol no se olvida de juntar sus manos, poner cara de compungido y pedir perdón). Era supuestamente uno de los caudillos de la esperada "recuperación" de River. Sin embargo, la pregunta más básica es la siguiente: ¿para qué cargar con semejante responsabilidad? River es un club fundido, con dirigentes impresentables, viene de salir cola y como no venden ni Coca Cola en el bar del club no pueden comprar a nadie. Cuáles son las chances de mejorar significativamente en el 2009? Es cierto que otra vez último difícil que salga (la tele y los medios necesitan un River competitivo, sobre todo en un año de elecciones nacionales).
Es cierto que River le había dado al Loco la posibilidad de regresar a mitad de año luego de su frustrado paso por Israel, y de jugar la Copa Sudamericana.
No quedarse colgado para alguien de su edad es crucial. Debía por eso algo de lealtad? Tanto como la que impera en el peronismo bonaerense.
El fútbol es, sobre todo, un negocio. Para peor, querían traer al Ogro Fabbiani.
Veamos las implicancias de ese eventual pase. Uno puede jugar con Abreu y Falcao, con Salcedo y Falcao, hasta con Fabbiani y Falcao. También uno puede pensar en un esquema Abreu y Salcedo. La suerte puede ser esquiva, como lo evidencia el River del segundo semestre del 08. Ahora bien, alguien se imagina al Ogro y al Loco juntos?. Parece difícil poner en la cancha dos tipos de área, grandotes, pesados y caudillos. Para peor, el bueno del Pipo mandó que esperaba que Fabbiani sea el Mellizo del Millo. Al menos en Villa del Parque, el barrio en que nací, eso hubiese sido interpretado como un telegrama de despido. O, al menos, un certificado de largos minutos en el banco de suplentes. O incluso en la platea local.
De este modo, la pregunta que seguramente Abreu se hizo no fue si valía la pena quedarse en River sino, por el contrario, si había algún club en el universo que estuviera interesado en sus servicios. ¿Quedarse en Núñez? ¿Qué chance había de no cobrar a tiempo, o de no cobrar del todo? Altas no sólo pues el club está quebrado, sino porque tenía posibilidades acotadas de jugar.
Con Aguilar agonizando y las elecciones de diciembre cada vez más cercanas, todo resultado adverso hubiera alimentado la hoguera que ya es el club.¿A quién iban a responsabilizar del eventual desastre? Una vez ido Tulio por la puerta de atrás, la carga hubiera caído en gran medida sobre él.
En conclusión, Abreu será Loco pero de tonto no tiene nada. Hizo lo correcto. Quedarse implicaba más riesgos que rajarse.
De todas formas, no conozco a nadie que sea hincha de River y que lo vaya a extrañar ni un poquitito.
Telam y coimas
09/01/09
54 millones, curro, lavado y cuevas
Accolade cedió inmediatamente el dinero a Jorge Enrique Rodríguez, Darío Alejandro Morresi y Jorge Roberto Palaviccino quienes -según la FIA- hicieron una una inusual cadena de maniobras, destinada a ocultar al verdadero operador por detrás de todos ellos, que se estima es Johann o Iván Holjevac, un empresario con intereses en Uruguay. A partir de esa denuncia se investiga la conducta de los funcionarios públicos que firmaron para que se hiciera el pago y también las operaciones de lavado. Y, según fuentes judiciales, hay indicios de que el lavado se hizo en una cueva de la city, que quedó expuesta cuando se descubrió que Sebastián Forza cambiaba cheques allí. Es la cueva de la calle 25 de mayo al 200, donde funciona el consulado de Guinea Bissau. Un caso judicial que dará que hablar en 2009, cuando, si se puede, se sabrá quién está detrás de las operaciones.