Los investigadores del robo de la banda y el bastón que usara Arturo Frondizi durante su presidencia, están desconcertados. Nada. Ni una huella, ni una mínima pista acerca de lo sucedido en el Museo de la Casa Rosada. Los policías federales que buscaron rastros, no hallaron ninguno. Buscaron detenidamente huellas dactilares en las vitrinas que protegían a los objetos perdidos, y allí tampoco apareció nada. La vitrina estaba protegida por un vidrio enorme que, para ser sacado, se le tuvo que sacar varios tornillos, maniobra que no pudo haber sido hecha por una sola persona. Pero no hallaron nada. Ni siquiera pisadas detrás de la pared de durlock que separa la vitrina de la pared de ladrillos. Nada. Pero sigue la búsqueda. El juez federal Marcelo Martínez De Giorgi confeccionó una lista de trece testigos. Pasaron por el juzgado desde la directora del Museo, Nancy Matilde Niccolini hasta el artista plástico Marco Antonio Avellaneda, quien notó la falta de los objetos pero no dijo nada porque creía que se estaban reparando. La directora asegura que el 9 de marzo pasado ella misma relevó la existencia de los objetos ahora faltantes. Pero el 3 de abril se hizo la denuncia porque no estaban. Mientras algunos testigos siguen desfilando por el juzgado, quedan varias medidas por realizar: que declare el personal que reparó las filtraciones que había en el Museo, el personal la empresa de limpieza y el de la Comisaría de la Casa de Gobierno y, además, revisar las cintas de filmación. En tanto, los investigadores tienen una segunda hipótesis que superaría a la del robo: los objetos pueden llegar a estar en algún lugar del Museo ya que no se descarta que estén perdidos en medio del desorden que reina en el lugar.
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