Columna de Omar Lavieri, emitida el viernes 13 en el programa Bravo Punto Continental, de Radio Continental.
Manuel Garrido dejó la FNIA. Lo hizo harto del modo en que su Jefe, el procurador Esteban Righi, le recortó las funciones a la fiscalía que investigaba los principales casos de corrupción de la argentina kirchnerista.
Mejor dicho, de la Argentina de los últimos quince años.
Garrido investigó a los Kirchner para ver cómo hicieron crecer su patrimonio. También denunció lo que todo el mundo sabía: que Albistur le daba pauta oficial, es decir dinero de todos, a las empresas de sus familiares y amigos. Investigó al general Bendini porque usaba fondos públicos para asuntos privados. A Jaime, a De Vido, a Moreno, a Uberti, a Skanska, Electroingeniería y a decenas de personajes y empresas más que están bajo la sospecha de haber aprovechado el Estado para beneficios personales.
Algunos funcionarios judiciales aseguran que Garrido sobreactuó lo decidido por Righi y que podía seguir investigando.
Uno de los mejores periodistas argentinos, Horacio Verbitsky, calificó como una torpeza política la decisión de Righi de recortarle funciones a Garrido.
Pero tal vez no sólo fue una torpeza.
A muchos de los que denunció Garrido o que son investigados por casos de corrupción, los defiende el estudio de la esposa y el hijo de Righi, un hecho que en países con mejores instituciones, sería un escándalo.
¿Queda claro?. El prestigioso penalista y ex ministro del Interior del Tío Cámpora, el Bebe Righi, quien le recortó las funciones a Garrido, es el padre y el esposo de abogados que defienden a los investigados en casos de corrupción.
Pero Garrido no sólo investigó al kirchnerismo.
Fue el primer director de investigaciones de la Oficina Anticorrupción, creada durante el efímero gobierno de Fernando de la Rúa. Cuando le tocó dirigir el área de investigaciones de la Oficina Anticorrupción, no anduvo con vueltas. No hubo sospechoso de la corrupción menemista que no fuera denunciado. Menem, Alderete, Claudia Bello, María Julia Alsogaray... Casi ninguno de los que pasaron por la administración pública en los años de la pizza con champán y se fueron con los bolsillos llenos, evitó las investigaciones de Garrido.
Pero en los días de la Alianza no sólo denunció a los funcionarios del Gobierno anterior. Abrió investigaciones contra funcionarios del oficialismo. Denunció al cuñado de De la Rúa, Basilio Pertiné, por la construcción de una obra en Mendoza. A De Santibañez por las coimas en el Senado. Y llegó a denunciar hasta a su suegro. Garrido está casado con la hija de Héctor Lombardo, quien fuera ministro de Salud de De la Rúa. Y cuando estaba en la OA, Garrido denunció al ministerio de su suegro por la situación de abandono en que estaba la colonia Montes de Oca en Open Door.
Garrido cosechó en la función decenas de detractores que le critican su alto nivel de exposición y el modo en que conduce las investigaciones. Y también recogió palabras de respeto por su trabajo y su honestidad.
Con 44 años, dos hijas, varios cargos docentes, Garrido, sufrido hincha de Ferro, y nostálgico del equipo del Viejo Timoteo, probablemente trabaje en una ONG donde cobrará un 30 por ciento menos que lo que ganaba hasta ayer.
Alguna vez Carlos Chacho Alvarez me dijo: con 20 como Garrido cambiamos el país.
Tal vez, el ex vicepresidente de la Nación exageraba. O no.
2 comentarios:
Que quiere amigo Lavieri, con esta caterva que nos gobierna. El Bebe Righi hace 40 años que está robando con su efímeros 49 días en el gobierno de Champara -solo nuestra estupidez permite reconocerle algún mérito a esa farsa del pobre Tío-. Pero su admirado Verbitsky, un buen periodista, pero una especie de Bernardo Neustadt de los Kirchner, tampoco escapa a ese sayo.
Recorrer la trayectoria de Garrido, es equivalente a ver nuestra contradictoria historia reciente.
Desde nuestros blogs y de los modestos lugares que ocupamos en los medios. Hasta los grandes multimedios, el mensaje que transmitimos los comunicadores es: discurso político vs. realidad, lo que los funcionarios hacen vs. lo que dicen, lo que un grupo político promete vs. lo que luego cumple.
Pero esa contradicción que siempre ponemos en los que nos gobiernan de este modo; no comienza en realidad en nosotros mismos:
entre lo que pretendemos y esperamos de un gobierno vs. lo que terminamos votando?
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