26/02/09

Por fin la OA tiene un gran mediocampo

Podrán decir lo que quieran de Julio Vitobello y Gerardo Serrano: que
sobrevivieron en el mundo K aún una vez que su padrino, Alberto Fernández, fuera eyectado del gobierno; que copan la Oficina Anticorrupción para evitar que avancen acusaciones que pudieran involucrar funcionarios pingüinos; que ninguno de los dos tienen antecedentes en materia de la lucha por la transparencia.
Todo eso puede que tenga algo o mucho de cierto, que sean argumentos ciertos.
Sin embargo, estoy en condiciones de afirmar que se trata de dos volantes soberbios, virtuosos con la pelota, de gran capacidad técnica y con pergaminos suficientes para tener un papel destacado en el equipo oficial.
Vitobello es un híbrido entre Ardiles y el Negro JJ: "peón de brega"
(J.M. Muñoz dixit) con incesante ida y vuelta por la derecha y que puede meter alguna diagonal o llegar al fondo y tirar un centro atrás. Lo más jóvenes dirán que se parece al Diablo Montserrat, aunque yo creo que es más justo pensar en un paralelo con un Toti Ríos o un Burrito Rivero. De todas formas, son cuestiones si se quiere secundarias. Julio demostró siempre gran personalidad, disciplina y liderazgo tanto el campo de juego como en el vestuario: nunca le pesó la capitanía del Mutis, aquel legendario equipo que hizo historia en el torneo de recontraveteranos de la UBA. La leyenda dice que siempre tuvo una peculiar habilidad para dialogar amablemente con los árbitros (y para hacerles cambiar algunas decisiones a la sazón controvertidas).
Lo de Gerardo Serrano es totalmente diferente: se trata de una suerte de
Capitán Beto aunque bostero: poeta sutil y toquetero del mediocampo,
idealista del taco y la gambeta larga. Gerardo nunca experimentó en carne propia que algún compañero osara disputarle el balón ante una situación de pelota detenida: no había corner o tiro libre que no pateara. Dueño de una pegada magnífica, la ponía en la olla como con la mano y hasta llegó a colgarla de un ángulo ante la sorpresa tanto de contrarios como de sus propios compañeros.
Escuché alguna vez que lo más parecido a Serrano que se inventó en el
fobal fue nada menos que Juan Román Riquelme: a veces parecía perdido en el campo de juego, buscando respuestas a preguntas que nadie podía identificar, a lo sumo aportando toques intrascendentes a un costado o quejándose incómodo de quien sabe qué cosa. Pero considero que se trata de un juicio de valor bastante injusto, pues Serrano siempre caminó la cancha --a lo Doval o a lo Facha Martel-- canchereando, con las lanas al viento, sobrando cuando podía a los rivales, amagando por afuera y poniéndola con tres dedos para que el 9 entrara en diagonal.
En sus últimas desventuras por la "verde gramilla" de Ciudad Universitaria, Serrano tendía a asimilarse al último Redondo, como más parado en el círculo central, tocando rapidito, con menos tendencia a acaparar la pelota. No faltó quien lo confundiera incluso con el Indiecito Solari y tratara de sacarle el tubo de la hermana (cosa que Gerardo, consistente guardabosques, nunca entregó).
Por eso, aunque es probable que la OA siga haciendo la plancha (como hasta ahora), si se llega a armar un desafío entre el Ministerio de Justicia vs. todos los que se vengan, puedo dar fe que Serrano y Vitobello están en condiciones de hacer la diferencia.
Atención Néstor: entiendo que Julio ya suele jugar los viernes en Olivos (será por eso que sobrevivió en el gobierno a pesar de la decadencia de Alberto Fernández?). Pero si llega a hacer falta alguien que realmente la mueva, que pueda cambiarle el ritmo el equipo oficial, el candidato sin duda es Gerardo Serrano.
Y después se quejan de que este es un gobierno que tiene poco talento en las principales oficinas. Puedo asegurar que tanto Vitobello como Serrano desmienten de forma categórica esas críticas totalmente infundadas.
Sergio Berensztein, politólogo, hincha de River.




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