28/05/08
Migliore
24/05/08
El día que le dijeron no a Riquelme
Las mujeres y la cultura
23/05/08
Jugar a no jugar
Se trata de equipos que puede que en efecto logren figurar en alguna estadística (hasta que el Indec se ocupe de eso...), pero difícilmente pasen a la historia.
Son equipos concientes de sus limitaciones, seguros de su inseguridad, capaces de aprovechar al máximo su incapacidad pues saben sacar a los contrarios del partido, logrando que los otros se fastidien, pierdan la compostura, cometan errores, se expongan a contragolpes potencialmente fulminantes.
Si uno no quiere, dos no juegan. Si un equipo juega a no jugar, tira la pelota a cualquier lado, simula lesiones, traba el partido "trabajando" al árbitro, lo calienta con declaraciones durante la semana, provoca o incluso amenaza con los barras bravas, etc., es muy complejo que salga un partido mínimamente razonable. Es el anti fútbol, lo que arruina el juego, lo que expulsa a la gente de las canchas.
El otro equipo puede mandar cuatro de punta, intentar combinaciones varias, perforar por afuera, penetrar por el medio, tocar y tocar, pero enfrente habrá un paredón que frenará cualquier patriada con el viejo principio de la pelota o el hombre, pero nunca los dos.
Como hay pocos masoquistas que querrían ir voluntariamente ir a ver a un equipo tan opaco, jugadores y dirigentes tienen que arreglar con los barras para que les hagan "el aguante". La profesionalización mafiosa de las hinchadas tergiversa toda la dinámica no sólo entre equipo y tribuna sino respecto a la vida institucional del club en su conjunto.
Los negocios perversos se multiplican, las jerarquías se diluyen y a la corta o a la larga los propios protagonistas terminan siendo víctimas de sí mismos, prisioneros de sus propias mezquindades, secuestrados por su propia mediocridad, anulados por su falta de visión estratégica.
Sergio Berensztein
Director
Poliarquia Consultores
sergio@poliarquia.com
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19/05/08
Noir el cooperativista
Comentario de Omar Lavieri en Metrópolis, radio Continental, lunes 19 de mayo de 2008.
Predominan los equipos o no salimos de la crisis permanente
Libertadores, el equipo de Sensini demostró que es precisamente eso, un equipo. Lo cual no es común en nuestro medio. Ni en pelotas ni ciertamente tampoco en política.
Lo de Lanús en el Apertura pasado sugiere lo mismo: obviamente que las individualidades pueden y deben hacer la diferencia, sobre todo en partidos cerrados y en torneos tan cortos y parejos. Pero sin el apoyo y la seguridad que brinda el buen juego de conjunto, a lo sumo se trata de golondrinas que no hacen verano.
El mensaje para clubes como River, que suele pensar más en los negocios de la coyuntura que en lo sustantivo del deporte, es contundente: si no se arma una base estable y se la preserva por un tiempo, al margen de las ofertas que lleguen del exterior, el talento (comprado o surgido de las inferiores) rara vez llega a trascender. Y cuando ocasionalmente lo hace, no alcanza para alcanzar resultados deportivos relevantes, ni en nuestro medio ni, menos aún, a escala continental.
En política ocurre algo parecido: tenemos algunas pocas individualidades, pero ningún equipo. Para peor, mientras el deporte conserva algo de glamour (sobre todo gracias a los medios de comunicación), la política dista de ser un ámbito atractivo (y si bien los medios no son los responsables, tampoco ayudan a evitarlo).
Ni siquiera el Gobierno logró armar un plantel competitivo. Y eso que plata no le falta! Por el contrario, como todas las principales decisiones se toman en la alcoba presidencial, el gabinete se volvió casi irrelevante.
Qué profesional con algo de auto estima y probada capacidad podría estar dispuesto a tolerar que lo ignoren y/o lo ninguneen sistemáticamente?
Además, debería acordar criterios con una pareja que demostró que no está muy predispuesta al diálogo franco y respetuoso de las diferencias.
Para peor, hay en la Argentina una anemia notable en cuanto a la generación de nuevos dirigentes políticos realmente democráticos y modernos, capacitados para asumir responsabilidades de gobierno de acuerdo a los parámetros y exigencias de un mundo globalizado como el nuestro. Nótese, por ejemplo, que lo poco que aparece es lo opuesto a lo que necesitamos. Ese es el caso de "La Cámpora", que sintetiza el nepotismo, el clientelismo y el provincialismo intelectual tan característicos de nuestro magro sistema político.
Argentina necesita más y mejor democracia; más y mejores políticos; equipos capacitados, coherentes y homogéneos que puedan diseñar e implementar políticas públicas orientadas a la equidad, el crecimiento y el desarrollo humano.
Por suerte tenemos los ejemplos del Pincha de hoy y del Lanús del 2007. De aquel Velez de Bianchi. Del Ferro campeón o del Lobo sin gloria del Viejo Timoteo.
Lo dijo el General: lo único que perdura son las organizaciones. En ésto, hagámosle caso.
Sergio Berensztein
Director
Poliarquia Consultores
sergio@poliarquia.com
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18/05/08
Yabrán era de River
Hace una década Yabrán estaba prófugo porque era, para la Justicia, el autor intelectual del asesinato de Cabezas. El 20 de mayo se pegó un tiro en la boca. Muchos dudan acerca de la muerte del "cartero" que manejaba una entramado de poder y dinero sólo comparable con el que algunos empresarios kirchneristas regentean en la actualidad al total amparo de la amistad pingüina.
12/05/08
Un dato curioso sobre Telam
—Desde febrero de 2006 a abril de 2008 facturó 3.896.177,33 pesos de publicidad oficial.
—Cobró $1.656.229,47 y le adeudan $ 2.239.887,86.
—Su último pago fue efectuado el 3 de enero, por un monto de $497.000.
—Yo actué de inmediato. No me puse a evaluar a quién perjudicaba— le dijo Granovsky a un funcionario K que habló con este diario—. Sabés que me pueden decir cualquier cosa, pero nunca que robo."
Se puede agregar un dato que, intuimos, Lanata desconocía. En el fajo de 150 billetes de 100 pesos había- según figura en el expediente judicial- un papelito amarillo con la siguiente inscripción "497068 x 3 14.912 04".
Si como dijo Nuñez Carmona ante los policías que llegaron a Telam la tarde del 2 de mayo pasado, el fajo era "la consolidación del 3 por ciento" el papelito es claro.
Dice Lanata que el último pago recibido por Action Media fue de $ 497.000. Entonces las cifras coinciden. La primera cifra del papelito amarillo es lo que pagó Telam, el 3 indica un porcentaje y el 14.912 indica el resultado de la multiplicación. Y esa cifra se parece mucho a los 15.000 incautados.
10/05/08
Aguilar lo hizo
Luego de reunirse con el Cholo y con su ayudante de campo, Nelson Vivas (una suerte de Garré de los 90 en la selección), el presidente de River, José María Aguilar, asumió su responsabilidad por la eliminación del equipo de la Copa Libertadores.
Justamente algo parecido habíamos reclamado ayer en este blog. Pedimos que Aguilar se hiciera cargo del fracaso institucional y patrimonial del club -el deportivo es simplemente una consecuencia inevitable. Aguilar no se animó aún a ir al fondo del problema, se queda en la periferia, dolorosa y real, de una nueva eliminación. Algo es algo, pero no alcanza.
Ayer un dirigente del oficialismo me lo dijo sin pelos en la lengua: "por ahi fueron solamente 8 minutos de distracciones, pero si mirás el todo y no las partes, es evidente que compramos mucho y mal". Es que en el corto plazo el negocio está en la cantidad, no en la calidad. En el planeta River, lo importante son las cometas.
No hay líderes dentro del campo de juego pues estos no aparecen de manera fugaz. Incluso aquellos que tienen condiciones naturales de conducción necesitan tiempo para desarrollar sus cualidades. En la fugacidad del fútbol de hoy, todo lo sólido se desvanece en el aire, incluso cuando estás dos goles arriba y el contrario está con 9 hombres.
*Director de Poliarquia Consultores (sergio@poliarquia.com)
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Aproximaciones dolorosas al axioma wolfiano
Quique Wolf lo planteó hace tiempo: el peor resultado parcial es el 2 a 0. Te relajás, es inevitable, pensás que el partido está liquidado. Si te descuentan te ponés loco pensando en lo peor. Si atacás para recuperar la diferencia te jugás a que te empaten. Y si te replegás para aguantar el resultado, le entregás la iniciativa a un rival agrandado y que no tiene nada que perder. El axioma del gran Quique se aplica perfectamente a la debacle del jueves 8 de mayo, la primera vez que Ramón cantó un gol que le hicieron a River.
*Director de Poliarquia Consultores (sergio@poliarquia.com)
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09/05/08
Novedades del caso Skanska
El arte de cerrar partidos
La diferencia más significativa entre River y Boca no se vio el domingo pasado en la Bombonera sino esta semana en los respectivos partidos jugados por los octavos de la Libertadores.
El equipo de Ischia jugó de local en la casa del Cruzeiro, dando una clase de aplomo y practicidad. Fue eso, un equipo, decidido desde hace tiempo a aggiornar aquella mística copera del Rojo de Avellaneda. Así, con Riquelme a lo Bochini, el paraguayo Cáceres a lo Pancho Sá y Battaglia convertido en una simbiosis entre el Negro Galván y Claudio Marangoni, los Xeneizes volvieron de Minas Gerais con un Belo Horizonte.
Se le viene el Atlas de Miguelito Brindisi, que ya demostró que está en condiciones de ganar en casa y aguantar afuera en la Libertadores. Y si bien es cierto que no hay peor astilla que la del mismo palo, Brindisi se debe haber quedado preocupado luego de comprobar la estampa de campeón que regaló Boca en las cortas vacaciones que se tomó en Brasil.
Por el contrario, River perdió otra vez contra sí mismo. Esto no va en detrimento de Ramón y su heroica manada de Cuervos, que dio vuelta un partido increíble y se quedó con la serie. Pero este River del Cholo es una evidencia incontrastable de que si una institución tiene serios problemas funcionales, no hay personas ni talentos individuales que puedan hacer la diferencia. Esto lo incluye al propio Simeone, cuyos pergaminos como jugador nadie puede cuestionar y que en su corta carrera como técnico insinuó cosas muy interesantes.
Pero una (des) organización como River, cuya dirigencia sufre una crisis de legitimidad de profundidades insospechadas y que arrastra una anemia patrimonial igualmente vergonzosa, no puede producir resultados positivos de manera consistente y previsible. Puede ganar algunos partidos, incluso algún torneo en función de la ruleta rusa que es el fútbol de hoy, pero eso sólo permite el engaño temporal, el placebo fácil de creer que una golondrina puede hacer verano.
El Cholo corre el riesgo de terminar como el Cavallo de Aguilar, encerrado en su propio corralito. Sus gestos e impotentes alaridos se parecen demasiado a los del Mingo en sus maratónicas sesiones en el Banco Nación. También podría fantasear con programas de competitividad, sobre todo para el mediocampo del equipo. O con factores de conversión para que sus delanteros puedan precisamente definir mejor.
Anoche, con un Monumental repleto de gente, River sufrió una crisis de confianza generalizada, una eyaculación precoz colectiva. El equipo tenía dos goles de ventaja y dos jugadores más que San Lorenzo, y sin embargo no supo contener su propio entusiasmo, regular el partido, administrar la pelota y jugar con los nervios y los errores del rival. Eso implica simplemente que se trata de un equipo inmaduro, que se olvida del libreto justo cuando se aproxima el clímax.
Una cosa es saber ponerse en ventaja, otra muy distinta es consolidarla, jugar con el reloj, cerrar los partidos. Ahí se impone la pausa, la inteligencia emocional, el temperamento, la experiencia. Ese aplomo no se logra de la noche a la mañana, y no tiene relación con el fútbol viejo o con tácticas pasadas de moda. Es correlato de la seguridad de saber que uno puede, que tiene el respaldo suficiente desde el primer hasta el último hincha.
Pero eso es prácticamente imposible en un club en el que el presidente no puede ocupar su asiento en el palco oficial sin despertar fogosos ciclones de insultos (espontáneos o no) por parte de socios y espectadores.
River volverá a ser el más grande sólo cuando resuelva esa crisis de legitimidad tan vasta como inocultable. Se entienden, pero nada se arregla con insultos, pensando en que hubo mala suerte o tentándose con la “gran Lalín” – suponer que la cancha está embrujada.
Como decía el poeta, de nada sirve escaparse de uno mismo. Simeone tuvo la entereza y la valentía para hacerse responsable de la derrota deportiva. Si a Aguilar le quedara algo de lo que dijo que era, debería hacer lo mismo con el fracaso institucional y financiero del club.