Por S.B
Las relaciones exteriores de un país son una expresión cabal, contundente y muy visible de los valores, las visiones del mundo y las concepciones que sus líderes tienen acerca de cuestiones fundamentales para una sociedad moderna, incluyendo la idea de libertad, derechos humanos y estado de derecho.
En este sentido, las políticas desplegadas últimamente por el oficialismo generan alarma. Más aún, las promesas de volver a poner a la Argentina en el mapa mundial, de parecerse a Alemania, etc. que había hecho la Cristina candidata se han diluido de forma estrepitosa y transformado en una peligrosa cercanía con democraduras (como Venezuela y Rusia), o dictaduras residuales (como Cuba y Libia). Excepto que Cristina se hubiese referido no a la Alemania de Adenauer y la constructora de la nueva Europa, sino a la "democrática" de la Stassi -la brutal policía secreta del régimen pro soviético.
En este contexto, no es un dato menor que Uruguay haya rechazado la candidatura de Néstor Kirchner a la titularidad de Unasur. Se trata, junto con Costa Rica y Chile, del país con mayor tradición y con más altos niveles de gobernabilidad democrática en toda América Latina.
Es cierto que los países tienen que sostener relaciones económicas y políticas con todos sus pares. Y que lo mejor es mantener canales abiertos de diálogo y negociación aún con los adversarios o incluso con los enemigos.
Pero aquí estamos hablando de relaciones carnales (como con Venezuela) o al menos de vínculos peligrosamente estrechos con Estados cuyos regímenes contradicen abiertamente la letra y el espíritu de nuestra constitución nacional.
Es más, Rusia y Venezuela tienen alianzas estratégicas claves (es decir, militares) con Irán, país denunciado por la Argentina por su eventual participación en el atentado a la AMIA.
En el mismo sentido, vale la pena cuestionar la afirmación de Cristina respecto del supuesto vínculo de amistad histórico entre Cuba y la Argentina. Es verdad que hay una historia común con personajes como José Martí y el Che Guevara. También es cierto que Fidel siempre le enviaba cajas de Cohiba a su amigo Carlos Menem. Pero el único presidente democrático que hizo una visita oficial a la isla fue Raúl Alfonsín. Y su propósito consistió, fundamentalmente, en convencer a Fidel de que ayudara a la transición chilena controlando la violencia del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (esto me lo enseñó Jesús Rodríguez que está escribiendo un libro sobre el apoyo internacional al proceso democratizador chileno y el papel que en ese esfuerzo jugó la Argentina).
A menos, ciertamente, que Cristina considere parte de esa supuesta hermandad histórica la visita de don Nicanor Costa Méndez en plena locura malvinera. O la contribución del régimen cubano a canalizar los fondos acumulados, obviamente con métodos ilegales y casi siempre utilizando la violencia, por los Montoneros.
En fin, lo que es sin duda coherente es el apoyo del comunismo vernáculo a los Kirchner, incluyendo una eventual alianza con D'Elia para las próximas elecciones legislativas en la Provincia de Buenos Aires. Por su parte, Carlos Heller, siempre tan inteligente y previsor, es un kirchnerista (crítico, por cierto) de la primera hora.
En este sentido, las políticas desplegadas últimamente por el oficialismo generan alarma. Más aún, las promesas de volver a poner a la Argentina en el mapa mundial, de parecerse a Alemania, etc. que había hecho la Cristina candidata se han diluido de forma estrepitosa y transformado en una peligrosa cercanía con democraduras (como Venezuela y Rusia), o dictaduras residuales (como Cuba y Libia). Excepto que Cristina se hubiese referido no a la Alemania de Adenauer y la constructora de la nueva Europa, sino a la "democrática" de la Stassi -la brutal policía secreta del régimen pro soviético.
En este contexto, no es un dato menor que Uruguay haya rechazado la candidatura de Néstor Kirchner a la titularidad de Unasur. Se trata, junto con Costa Rica y Chile, del país con mayor tradición y con más altos niveles de gobernabilidad democrática en toda América Latina.
Es cierto que los países tienen que sostener relaciones económicas y políticas con todos sus pares. Y que lo mejor es mantener canales abiertos de diálogo y negociación aún con los adversarios o incluso con los enemigos.
Pero aquí estamos hablando de relaciones carnales (como con Venezuela) o al menos de vínculos peligrosamente estrechos con Estados cuyos regímenes contradicen abiertamente la letra y el espíritu de nuestra constitución nacional.
Es más, Rusia y Venezuela tienen alianzas estratégicas claves (es decir, militares) con Irán, país denunciado por la Argentina por su eventual participación en el atentado a la AMIA.
En el mismo sentido, vale la pena cuestionar la afirmación de Cristina respecto del supuesto vínculo de amistad histórico entre Cuba y la Argentina. Es verdad que hay una historia común con personajes como José Martí y el Che Guevara. También es cierto que Fidel siempre le enviaba cajas de Cohiba a su amigo Carlos Menem. Pero el único presidente democrático que hizo una visita oficial a la isla fue Raúl Alfonsín. Y su propósito consistió, fundamentalmente, en convencer a Fidel de que ayudara a la transición chilena controlando la violencia del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (esto me lo enseñó Jesús Rodríguez que está escribiendo un libro sobre el apoyo internacional al proceso democratizador chileno y el papel que en ese esfuerzo jugó la Argentina).
A menos, ciertamente, que Cristina considere parte de esa supuesta hermandad histórica la visita de don Nicanor Costa Méndez en plena locura malvinera. O la contribución del régimen cubano a canalizar los fondos acumulados, obviamente con métodos ilegales y casi siempre utilizando la violencia, por los Montoneros.
En fin, lo que es sin duda coherente es el apoyo del comunismo vernáculo a los Kirchner, incluyendo una eventual alianza con D'Elia para las próximas elecciones legislativas en la Provincia de Buenos Aires. Por su parte, Carlos Heller, siempre tan inteligente y previsor, es un kirchnerista (crítico, por cierto) de la primera hora.
1 comentarios:
Sergio.
Algo de lo vertido en este post lo suscribo, pero estoy en desacuerdo en varias situaciones que describes. No obstante, debo mencionarte que no entiendo la referencia a Heller en el marco de esta entrada.
PD Decís de Heller que es inteligente y previsor. Yo digo que es inteligente y “Previsol”.
Saludos.
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