16/11/08
Polo
Por Omar Lavieri
En 2002 Adolfo Cambiaso y Bartolomé Castagnola, jugadores de La Dolfina, eligieron los colores de la camiseta de Chicago para competir en el deporte de los tacos y las bochas. En aquella oportunidad los invité a ver al Chicago de Mataderos y luego organicé una expedición de hinchas de Chicago para ver la Final del Abierto de Palermo. Bombos, banderas, petardos, musculosas, tatuajes y otras yerbas futboleras llegaron a La Catedral. Los puristas protestaron. Ganó La Dolfina. A partir de entonces voy a ver partidos del Abierto. Ayer comenzó el de este año y Cambiaso jugó como siempre y su equipo ganó.
Desde esta modesta página invito a que los futboleros vayan a ver polo con ganas de descubrir un deporte raro pero apasionante, donde algunos virtuosos hace jueguito con la bocha y tiran caños como en el potrero. Si, claro, van a decir que es elitista, que la gente va a hacerse ver, que las entradas son caras. Casi todo es cierto: una popular vale 20 pesos y a pesar del glamour ficticio, se puede ver a jugadores talentosos que hacen algo parecido a eso que, en una cancha de fútbol, aplaudimos con una sonrisa.
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