Entre tanto, en un palco vecino al de Petrobrás desde el cual había visto el partido, estaba José María Aguilar confundido en un abrazo interminable con sus hijitas. Pensé en las cosas que esas nenas habían escuchado de su padre en los últimos tiempos. Imaginé sus rostros al ver las pintadas agresivas cerca de su casa, los cuchicheos en la escuela ...
Vi, o quise ver, el gesto de un hombre lastimado, tal vez incluso arrepentido de algunas macanas cometidas. En ese abrazo quedaron encerrados muchas palabras y todavía más silencios.
La audiencia de Política y Pelotas sabe que Aguilar no es santo de mi devoción. Me defraudó como dirigente - ingenuamente pensé que era parte de lo nuevo, y demostró en reiteradas oportunidades que es lo peor de lo viejo.
Pero el abrazo de esas nenas me emocionó. Tanto como el rostro iluminado de mis hijos Zoe y Sam al ver que el titular del diario del lunes 9 de junio decía RIVER CAMPEON!
Sergio Berensztein
Director
Poliarquia Consultores
sergio@poliarquia.com
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