Una es la esposa de un ministro del Gabinete nacional. El ministro no se llama Fernández. La otra es la novia de un secretario de Estado. A las dos damas les arremetió un súbito interés por la cultura. A punto tal que se dedican a conseguir fondos para realizar recitales, conciertos y presentaciones de artistas nacionales que triunfan aquí o en el extranjero. Para financiar la organización de los encuentros culturales, las mujeres recurren a importantes empresas nacionales, que, en el caso que las parejas de las damas se enojaran, tendrían graves problemas para seguir desarrollando sus negocios en la Argentina. Entonces, las empresas aportan dinero -movidas también por el interés cultural- para que estas damas puedan cumplir su sueño de ser mecenas. El público, impávido, aprecia el espectáculo.
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